miércoles, septiembre 09, 2009

Futuro y presente: la llegada del tren.

Al igual que a comienzos de año, el mes de septiembre nos trae una invasión de pequeños soldados cargados de grandes sueños, ilusiones y motivaciones. El caluroso y húmedo calor de la capital levantina se aleja con paso firme y por el lejano horizonte se divisa el cambio del solsticio de Verano. Detrás dejamos una temporada donde hemos intentado compaginar la diversión nocturna con la formalidad diurna.
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Entre nuestros quiáceres hemos tenido un amplio abanico de actividades lúdicas, compromisos laborales y desahogos diários. Desde el amanecer de Zahara en Cádiz hasta el atardecer junto a nuestra Virgen de la Estrella han pasado ya más de 3 meses. Hemos cantado, junto al Mar Mediterráneo, con Malú; nos hemos paseado por los bellos y grandiosos Palacios Reales de nuestros Austrias y Borbones; hemos compartido nuestro tiempo con el “Gran Lotus” y gastado nuestra energía con la “Dulce Kyara”; hemos navegado por las conflictivas aguas del Mar Mediterráneo británico; y en general, hemos disfrutado de todo y todos aquellos que al igual que nosotros pensaban que “por más que camino y rio la vida se consume en un suspiro”.
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Pero la hoja caída nos muestra, en pantalla grande, una multitud de opciones televisivas para este “nuevo año prematuro”. Las ganas por aprender aumentan al paso que lo hacen la oferta universitaria; la pasión por conocer más y más al “grande de la casa” continúan durante toda la semana. Pero este nuevo 2009 puede venir o quedarse, al igual que lo hace el ALARIS de las 18:00. Si me despisto o confío y lo pierdo, la ilusión por formar una nidito y disfrutar conociéndonos se habrá ido al traste. Si por el contrario llego a la hora y sin pensarlo dos veces abandono el andén, el tren dejará en su ráfaga un conjunto de estrellas con las que he brillado durante muchos años.
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Sea como sea, tanto Albacete como Valencia serían mis ciudades. Una acogería el rol de padre y la otra, fuera cual fuera, de gran aliada. José Hermida, en “Consíguelo” afirma que existen arquetipos tópicos, a los que siempre intentamos imitar; pero a la vez, existen unos prototipos, que sin ser idílicos poseen ciertas cualidades o aptitudes que nos gustaría poseer. Mi arquetipo siempre ha sido la ciudad del Turia pero el Manhattan manchego posee la cualidad de albergar entre sus vías de circunvalación a parte de mi pequeña pero intensa alma.
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“Vive, camina y respira, un futuro nos espera”
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