Los parlamentos son la
institución indispensable de las democracias representativas de todo el planeta. Independientemente de sus reglas y
su normativa específica, su papel es incuestionable: representar al pueblo y
garantizar que las políticas públicas sean diseñadas tomando en cuenta la
voluntad de los ciudadanos.
Pero para que los
parlamentos sean verdaderamente representativos, es indispensable que las
elecciones sean libres y estén ajustadas al derecho. La ciudadanía debe tener acceso a la
información sobre las sesiones parlamentarias, la legislación y las políticas
públicas desarrolladas, y no sólo de manera off line sino también deben de
disponer de esos datos desde la red.
Por
ello podemos llegar a afirmar que, el
parlamento es una institución única. Está compuesto de hombres y mujeres
(con una composición muy dipar: tan sólo el 19,45% son mujeres) que han sido
elegidos para representar al pueblo. Elaboran y adoptan leyes y cumplen con la
función de control gubernamental, regulado en la mayoría de los países por la
Carta Magna suprema.
El parlamento es una
institución política.
Es un espacio para el debate político, que con frecuencia termina en
confrontación política. Pero es también un foro en donde, al fin y al cabo, se
forjan las políticas nacionales y se resuelven los conflictos de la sociedad, a
través del diálogo y el debate de cesiones y de
acuerdos.
Además,
podemos llegar a afirmar que el
parlamento es una institución compleja. Funciona en distintos niveles y
muchos actores influyen en su quehacer diario. Los diputados, el presidente del
parlamento y los líderes, los partidos y grupos políticos, las comisiones de
trabajo (legislativas, no legislativas, permanentes o concretas), el personal administrativo,
todos contribuyen a conformar este entramado parlamentario
Por
otro lado, ningún parlamento es igual a
otro. Todos difieren en cuanto a su forma, roles y funcionamiento. Se
forjan en función de sus historia y la propia cultura del país. Sin embargo, todos
los parlamentos comparten la misma ambición: darle al pueblo una voz en la administración
de los asuntos públicos.
Según la International Organization of Parliaments (IPU) en 2012 hay más parlamentos
que nunca antes. Actualmente, 190 de
entre 193 países cuentan con alguna forma de institución parlamentaria y en conjunto
suman más de 46,000 representantes. La existencia de un parlamento no es
sinónimo de democracia, pero indudablemente la democracia no puede existir sin
un parlamento. Aunque varían enormemente en cuanto a sus facultades, funciones
e infuencia, hoy en día casi todos los sistemas políticos tienen alguna forma
asamblearia representativa.
Los
parlamentos sirven como nexo y unión entre las preocupaciones de los pueblos y
sus gobernantes. La existencia de un cámara pública en donde poder articular los
intereses de los ciudadanos es condición necesaria para la legitimidad del
gobierno. Una encuesta de opinión
realizada en 2008 reveló que el 85% de las personas creen que “la voluntad del pueblo debería ser la base
de la autoridad del gobierno”.
En
la actualidad estamos viendo cómo la
presión del público sobre los parlamentos es mayor que nunca. El aumento de tamaño de los gobiernos ha
incrementado las responsabilidades de los parlamentos en cuanto a sus labores
de escrutinio y fiscalización. El desarrollo de la tecnología de las comunicaciones,
como Facebook y Twitter, y la saturación de la cobertura mediática de la
política han acrecentado la visibilidad de los parlamentos y los políticos.
Por
otro lado, en muchos lugares del mundo existen cuestionamientos acerca de la efectividad de los parlamentos para
exigir que los gobiernos rindan cuentas. La función de representación de los
partidos políticos —elemento esencial para el funcionamiento de un parlamento—
es, en muchos países, débil y tiene escaso arraigo en la sociedad. Con el florecimiento de la sociedad civil y
las nuevas formas de democracia participativa, los ciudadanos cuentan con
muchas vías de representación y desagravio. Si bien en algún momento los
parlamentos fueron el foro por excelencia para dar voz a las preocupaciones del
pueblo, ahora compiten con toda una serie de alternativas.
Indudablemente,
hoy en día los parlamentos son por lo general más abiertos y accesibles, funcionan
de manera más profesional, cuentan con más recursos y son más representativos.
Esto es crucial para la democracia y la representatividad ciudadana. Pero los
ciudadanos son, con justa razón, más exigentes con estas instituciones y
esperan mayores estándares de efectividad, rendición de cuentas y conducta que
nunca antes en su historia. A pesar de que las encuestas de opinión sugieren
que las personas tienen puntos de vista ambiguos sobre los parlamentos, la
cantidad de correspondencia, contactos y solicitudes de ayuda está aumentando
en lugar de disminuir. Existen muchos roles que solo el parlamento puede llevar
a cabo y las personas parecen reconocer la importancia de esta institución.
Podemos llegar a afirmar
que los parlamentos han seguido evolucionando y adaptándose. El entorno en el que operan es ahora
más complejo y se mueve más rápidamente que nunca. El desafío es seguirle el
ritmo al público, que en este caso es el ciudadano, al demostrar capacidad de
respuesta y adaptabilidad y renovar continuamente esa relación con la
ciudadanía. Este será un proceso de evolución permanente, pero todo parece
indicar que la mayoría de los parlamentos están a la altura de las circunstancias.
POST PUBLICADO EN EL BLOG DE LA ASOCIACIÓN VALENCIANA DE POLITÓLOGOS
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