
La actual situación
económica internacional está provocando una ralentización en el progreso económico
y social, ya no sólo de España, sino también de Europa, lo que ha puesto de
manifiesto las debilidades estructurales y organizativas de nuestro actual
modelo. Debido al fuerte impacto que está provocando esta crisis en España, es
necesario y recomendable emprender una profunda transformación para volver,
cuanto antes, a la senda del progreso y del bienestar.
La Administración del siglo XXI debe de estar
basada en el conocimiento, la sostenibilidad y la cohesión.
La Administración Pública nunca debe de ser entendida como un
sistema de control/supervisión, sino como un espacio dinámico de colaboración,
ayuda y compartición de responsabilidades económicas, sociales y medioambientales,
entre los poderes públicos y la ciudadanía.
El mejor conocimiento de sus procesos y
servicios, así como de su impacto en los ciudadanos es un valor clave de las
Administraciones. Aspecto que hay que cuidar, promocionar y extender a todos
los estamentos administrativos para lograr que las actuaciones de los poderes
públicos sean más eficientes, más productivas, de mayor calidad y plena
confianza.
La sostenibilidad de las Administraciones es uno
de los factores determinantes para reducir el coste del funcionamiento de las
mismas. Al respecto, la rentabilidad de las actuaciones administrativas debe
ser tratada con especial cuidado: normativa que elimine burocracia innecesaria,
servicios públicos inteligentes que aporten ahorros o beneficios a la
ciudadanía, simplificación de trámites administrativos y burocráticos, son
algunos ejemplos de las medidas más inmediatas a considerar. Además, el uso de
las TIC y de la Administración Electrónica son elementos catalizadores de
sostenibilidad, ya que contribuyen, no solo a un ahorro significativo de costes
y optimización de recursos, sino que favorecen una Administración más
competitiva, rápida y ecológica.
La cohesión, coordinación y colaboración
de los diferentes órganos administrativos es un factor crítico en nuestro país
para conseguir una Administración Pública homogénea y armónica, centrada en las
necesidades de la sociedad. El establecimiento de un marco competencial
adecuado y la existencia de órganos de colaboración reglamentariamente
organizados son algunos de las claves para conseguirlo.
Como bien
afirma el artículo 103 de nuestra Carta Magna, la Administración Pública tiene
su fundamento de existencia en que tan sólo ella sirve de manera objetiva los
intereses generales de igual manera a la sociedad, al ciudadano y al
empresario. Sin vocación de servicio no tiene legitimación alguna, y debe por
tanto ser replanteada en su misión y principios.
La
existencia de las Administraciones Públicas se justifica fundamentalmente por
tres aspectos.
1.-Son garante de los derechos y libertades de los
ciudadanos
2.-Son el
agente económico que gestiona el 40% del Producto Interior Bruto y emplea al
14% de la población española.
3.- Conforme
se consigue una Administración más eficiente, más participativa y más
transparente, esto profundiza nuestra democracia, legitima a los poderes
públicos y revitaliza su compromiso permanente con la sociedad y los intereses
generales.
Sin hacer un análisis
muy exhaustivo, cualquier persona o empresa que haya trabajado en algún momento
para una Administración Pública se habrá percatado de, al menos, cuatro
problemas que caracterizan a la misma, esto es:
·
Desajustes
entre las estructuras administrativas y las funciones a realizar.
·
Proliferación
de una legislación y normativa de mayor complejidad.
·
Existencia
de procedimientos administrativos de resolución lenta y con una gran carga
burocrática.
·
Descoordinación
de la actuación de los órganos administrativos conduciendo, en muchos casos, a soluciones TIC repetitivas.
Es por
ello, entre otras muchas cosas, por lo que el modelo actual de Administración
con organismos en parte no cohesionadas y con competencias, en muchos casos
duplicadas, debe desaparecer durante los próximos años. La vía de salida pasa
por la promoción de un nuevo modelo más simple, colaborativo, flexible y
abierto, donde haya participación de todos los agentes sociales y económicos,
en el que se delimiten mejor las áreas competenciales, exista una normativa
común, clara y concisa, y los servicios públicos utilicen al máximo las
tecnologías.
Los ciudadanos debemos exigir que la Administración Pública sea uno de
los motores en los que se base la recuperación económica, tan deseada por todos, aportando
para ello la creación y la regulación
de condiciones favorables que ayuden a
crear riqueza, básicamente
a través del emprendedurismo y la innovación, así como mediante el ahorro/austeridad y el rigor institucional.
Y para todo ello, la
Administración debe acometer una
importante modernización interna que aumente
la calidad de la organización de la misma, establezca mecanismos de gestión más
ágiles y transparentes, e implante medidas de control del rendimiento de las actuaciones,
así como de los ahorros y retornos de
inversión generados. En este sentido, es de máxima importancia promocionar los
procesos y fases de evaluación para conocer el “retorno” y repercusión de
nuestra inversión.
Para todos aquellos
que quieran profundizar en estos temas, los próximos 27 y 28 de septiembre el Grupo de Investigación en Gobierno,
Administración y Políticas Públicas GIGAPP organiza, en la sede del
Instituto Ortega y Gasset de Madrid, el III
Congreso Internacional en Gobierno, Administración y Políticas Públicas 2012. Desde
la Asociación Valenciana de Politólogos AVAPOL hemos acordado una serie de
ventajas para nuestros socios además de asistir como coordinadores de la mesa Gestión,
capacidades gerenciales y función pública. Una magnífica oportunidad que no
te puedes perder si te interesa la Ciencia de la Administración.
[ARTÍCULO PUBLICADO EL 12 DE SEPTIEMBRE EN EL DIARIO SUELDOS PÚBLICOS]
[ARTÍCULO PUBLICADO EL 12 DE SEPTIEMBRE EN EL DIARIO SUELDOS PÚBLICOS]
2 comentarios:
Gran artículo José Luis! No puedo estar más de acuerdo, sobre todo en lo tocante a la necesidad de homogeneidad y coordinación entre diferentes administraciones. Creo que no hay nada más desesperante para el administrado, que entiendo no tiene obligación de conocer los diferentes niveles administrativos ni su procedimiento, que ver como unas administraciones pasan la pelota a otras y demoran muchas veces la resolución del asunto que les ocupa.
http://lajusticiacomoequidad.blogspot.com
En lo tocante a la administración local el camino que nos queda por recorrer es el que ya hicieron la mayor parte de nuestros socios europeos desde la segunda mitad del siglo XX, y no es otro que las fuxiones de ayuntamientos.
Pero estas fusiones en realidad no tienen nada que ver con la situación económica sino que se trata de una cuestión de justicia social, redistribución de rentas y optimización de fondos públicos, ya que los pequeños municipios no pueden prestar ni los servicios más básicos, suponiendo una auténtica discriminación de los ciudadanos por razón de residencia. Y si pueden prestarlos lo hacen hasta donde pueden, pero imaginémonos por un momento que se juntan 5 ayuntamientos y desaparecen los gastos corrientes de esas 5 consistoriales (cobren o no los alcaldes), ¿cuánto dinero se liberaría para aumentar esos servicios o mejorar los que ya se prestan?. ¿La gente para qué paga sus impuestos, para tener ayuntamientos y mantener alcaldes o para recibir servicios a cambio?.
Hay que tener en cuenta que el 84% de los ayuntamientos no llegan a los 5.000 habitantes y el Consejo de Europa establece que para garantizar los servicios sociales un ayuntamiento no puede tener menos de 8.200 habitantes y para que las finanzas estén saneadas no deben bajar de los 10.400.
El Gobierno central prevé una reforma de la Administración local por la cual podrían quedar bajo la tutela de las Diputaciones Provinciales los ayuntamientos de menos de 20.000 habitantes, lo que supone nada menos que el 95 % del total. Ante esto está claro que ni seguir con microayuntamientos ni tutelar la inmensa mayoría de los existentes por un organismo que, además, no es elegido directamente por los ciudadanos. Pero la solución la tienen los Alcaldes: o hacen un último favor (y muy grande) a sus vecinos y se articulan fusiones lógicas y razonables antes de que nos las impongan desde fuera (que entonces sí podrían ser antinatura y traumáticas) o convertirán sus ayuntamientos en organismos sin funciones, tutelados por la Diputación, pero que seguirán generando gasto improductivo, sólo por el prurito de seguir siendo alcaldes.
Hay Comunidades Autónomas que incentivan vía subvenciones la agrupación de ayuntamientos para la prestación de servicios, pero esto dilatará en el tiempo el inevitable proceso de fusiones porque estas agrupaciones no se van a guiar por los principios de ordenación y racionalización sino de afinidad o empatía. En este tema, aunque resulte incómodo y políticamente incorrecto, se debe actuar de forma valiente, acometiendo las fusiones de forma ordenada pero obligatoria.
A este respecto, yo formulo una propuesta que parte de la fusión de esos pequeños ayuntamientos para convertirlos en unas nuevas organizaciones de, como mínimo, 5.000 habitantes agrupando bajo uno mismo a todos los que se encuentren en unas isócronas de tiempo de entre 15 o 20 minutos con respecto a la capitalidad que se establezca.
Para saber más: http://fusiondeayuntamientos.blogspot.com.es/
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