miércoles, enero 09, 2013

Los retos de la nueva Administración Pública del siglo XXI


La actual situación económica internacional está provocando una ralentización en el progreso económico y social, ya no sólo de España, sino también de Europa, lo que ha puesto de manifiesto las debilidades estructurales y organizativas de nuestro actual modelo. Debido al fuerte impacto que está provocando esta crisis en España, es necesario y recomendable emprender una profunda transformación para volver, cuanto antes, a la senda del progreso y del bienestar.
 
La Administración del siglo XXI debe de estar basada en el conocimiento, la sostenibilidad y la cohesión. La Administración Pública nunca debe de ser entendida como un sistema de control/supervisión, sino como un espacio dinámico de colaboración, ayuda y compartición de responsabilidades económicas, sociales y medioambientales, entre los poderes públicos y la ciudadanía.
 
El mejor conocimiento de sus procesos y servicios, así como de su impacto en los ciudadanos es un valor clave de las Administraciones. Aspecto que hay que cuidar, promocionar y extender a todos los estamentos administrativos para lograr que las actuaciones de los poderes públicos sean más eficientes, más productivas, de mayor calidad y plena confianza.
 
La sostenibilidad de las Administraciones es uno de los factores determinantes para reducir el coste del funcionamiento de las mismas. Al respecto, la rentabilidad de las actuaciones administrativas debe ser tratada con especial cuidado: normativa que elimine burocracia innecesaria, servicios públicos inteligentes que aporten ahorros o beneficios a la ciudadanía, simplificación de trámites administrativos y burocráticos, son algunos ejemplos de las medidas más inmediatas a considerar. Además, el uso de las TIC y de la Administración Electrónica son elementos catalizadores de sostenibilidad, ya que contribuyen, no solo a un ahorro significativo de costes y optimización de recursos, sino que favorecen una Administración más competitiva, rápida y ecológica.
 
La cohesión, coordinación y colaboración de los diferentes órganos administrativos es un factor crítico en nuestro país para conseguir una Administración Pública homogénea y armónica, centrada en las necesidades de la sociedad. El establecimiento de un marco competencial adecuado y la existencia de órganos de colaboración reglamentariamente organizados son algunos de las claves para conseguirlo.
 
Como bien afirma el artículo 103 de nuestra Carta Magna, la Administración Pública tiene su fundamento de existencia en que tan sólo ella sirve de manera objetiva los intereses generales de igual manera a la sociedad, al ciudadano y al empresario. Sin vocación de servicio no tiene legitimación alguna, y debe por tanto ser replanteada en su misión y principios.
 
La existencia de las Administraciones Públicas se justifica fundamentalmente por tres aspectos.
1.-Son  garante de los derechos y libertades de los ciudadanos
2.-Son el agente económico que gestiona el 40% del Producto Interior Bruto y emplea al 14% de la población española.
3.- Conforme se consigue una Administración más eficiente, más participativa y más transparente, esto profundiza nuestra democracia, legitima a los poderes públicos y revitaliza su compromiso permanente con la sociedad y los intereses generales.
 
Sin hacer un análisis muy exhaustivo, cualquier persona o empresa que haya trabajado en algún momento para una Administración Pública se habrá percatado de, al menos, cuatro problemas que caracterizan a la misma, esto es:
·         Desajustes entre las estructuras administrativas y las funciones a realizar.
·         Proliferación de una legislación y normativa de mayor complejidad.
·         Existencia de procedimientos administrativos de resolución lenta y con una gran carga burocrática.
·         Descoordinación de la actuación de los órganos administrativos conduciendo, en muchos casos,  a soluciones TIC repetitivas.
 
Es por ello, entre otras muchas cosas, por lo que el modelo actual de Administración con organismos en parte no cohesionadas y con competencias, en muchos casos duplicadas, debe desaparecer durante los próximos años. La vía de salida pasa por la promoción de un nuevo modelo más simple, colaborativo, flexible y abierto, donde haya participación de todos los agentes sociales y económicos, en el que se delimiten mejor las áreas competenciales, exista una normativa común, clara y concisa, y los servicios públicos utilicen al máximo las tecnologías.
 
Los ciudadanos debemos exigir que la Administración Pública sea uno de los motores en los que se base la recuperación económica, tan deseada por todos,   aportando para ello la creación y la regulación de condiciones favorables que ayuden a crear riqueza, básicamente a través del emprendedurismo y la innovación, así como mediante el ahorro/austeridad y el rigor institucional.
 
Y para todo ello, la Administración debe acometer una importante  modernización interna que aumente la calidad de la organización de la misma, establezca mecanismos de gestión más ágiles y transparentes, e implante medidas de control del rendimiento de las actuaciones, así como de los ahorros y retornos de inversión generados. En este sentido, es de máxima importancia promocionar los procesos y fases de evaluación para conocer el “retorno” y repercusión de nuestra inversión.
 
Para todos aquellos que quieran profundizar en estos temas, los próximos 27 y 28 de septiembre el Grupo de Investigación en Gobierno, Administración y Políticas Públicas GIGAPP organiza, en la sede del Instituto Ortega y Gasset de Madrid, el III Congreso Internacional en Gobierno, Administración y Políticas Públicas 2012. Desde la Asociación Valenciana de Politólogos AVAPOL hemos acordado una serie de ventajas para nuestros socios además de asistir como coordinadores de la mesa Gestión, capacidades gerenciales y función pública. Una magnífica oportunidad que no te puedes perder si te interesa la Ciencia de la Administración.

[ARTÍCULO PUBLICADO EL 12 DE SEPTIEMBRE EN EL DIARIO SUELDOS PÚBLICOS]

2 comentarios:

José Luis López Valenciano dijo...

Gran artículo José Luis! No puedo estar más de acuerdo, sobre todo en lo tocante a la necesidad de homogeneidad y coordinación entre diferentes administraciones. Creo que no hay nada más desesperante para el administrado, que entiendo no tiene obligación de conocer los diferentes niveles administrativos ni su procedimiento, que ver como unas administraciones pasan la pelota a otras y demoran muchas veces la resolución del asunto que les ocupa.
http://lajusticiacomoequidad.blogspot.com

Alejandro de Diego Gómez dijo...

En lo tocante a la administración local el camino que nos queda por recorrer es el que ya hicieron la mayor parte de nuestros socios europeos desde la segunda mitad del siglo XX, y no es otro que las fuxiones de ayuntamientos.
Pero estas fusiones en realidad no tienen nada que ver con la situación económica sino que se trata de una cuestión de justicia social, redistribución de rentas y optimización de fondos públicos, ya que los pequeños municipios no pueden prestar ni los servicios más básicos, suponiendo una auténtica discriminación de los ciudadanos por razón de residencia. Y si pueden prestarlos lo hacen hasta donde pueden, pero imaginémonos por un momento que se juntan 5 ayuntamientos y desaparecen los gastos corrientes de esas 5 consistoriales (cobren o no los alcaldes), ¿cuánto dinero se liberaría para aumentar esos servicios o mejorar los que ya se prestan?. ¿La gente para qué paga sus impuestos, para tener ayuntamientos y mantener alcaldes o para recibir servicios a cambio?.
Hay que tener en cuenta que el 84% de los ayuntamientos no llegan a los 5.000 habitantes y el Consejo de Europa establece que para garantizar los servicios sociales un ayuntamiento no puede tener menos de 8.200 habitantes y para que las finanzas estén saneadas no deben bajar de los 10.400.
El Gobierno central prevé una reforma de la Administración local por la cual podrían quedar bajo la tutela de las Diputaciones Provinciales los ayuntamientos de menos de 20.000 habitantes, lo que supone nada menos que el 95 % del total. Ante esto está claro que ni seguir con microayuntamientos ni tutelar la inmensa mayoría de los existentes por un organismo que, además, no es elegido directamente por los ciudadanos. Pero la solución la tienen los Alcaldes: o hacen un último favor (y muy grande) a sus vecinos y se articulan fusiones lógicas y razonables antes de que nos las impongan desde fuera (que entonces sí podrían ser antinatura y traumáticas) o convertirán sus ayuntamientos en organismos sin funciones, tutelados por la Diputación, pero que seguirán generando gasto improductivo, sólo por el prurito de seguir siendo alcaldes.
Hay Comunidades Autónomas que incentivan vía subvenciones la agrupación de ayuntamientos para la prestación de servicios, pero esto dilatará en el tiempo el inevitable proceso de fusiones porque estas agrupaciones no se van a guiar por los principios de ordenación y racionalización sino de afinidad o empatía. En este tema, aunque resulte incómodo y políticamente incorrecto, se debe actuar de forma valiente, acometiendo las fusiones de forma ordenada pero obligatoria.
A este respecto, yo formulo una propuesta que parte de la fusión de esos pequeños ayuntamientos para convertirlos en unas nuevas organizaciones de, como mínimo, 5.000 habitantes agrupando bajo uno mismo a todos los que se encuentren en unas isócronas de tiempo de entre 15 o 20 minutos con respecto a la capitalidad que se establezca.
Para saber más: http://fusiondeayuntamientos.blogspot.com.es/