El estado de los “lobbies” en España
preocupa a Transparencia Internacional
Hace algo menos de un año, el ente público de Radio Televisión Valenciana (Canal 9) me invitó a una entrevista matutina para hablar de Gobierno Abierto. Por desgracia no os puedo poder en video (el lector de este artículo es, de sobra conocedor, de la extinción de Canal 9 y de la incierta propiedad de toda la documentación audiovisual de esta entidad). Pues bien, en aquella entrevista, que en principio iba a tratar sobre las relaciones entre políticos y ciudadanos, se trataron temas que hoy se encuentran en la agenda política y sociales de muchas formaciones y entidades. Estoy hablando de los «lobby».
Ya hace más de tres siglos cuando los miembros del Parlamento Inglés bautizaron esta forma de hacer política. Los
diputados, en aquellos tiempos, eran
“asaltados” en la entrada del hemiciclo justo antes de que empezaran los
debates, por grupos interesados que buscaban influir en sus decisiones en el
interior. Por eso, hoy en día hacer “lobbing” o “política de vestíbulo”
significa hacer presión política para conseguir intereses particulares.
En nuestro país existen asociaciones que defienden a los profesionales
encargados de realizar estas prácticas, hasta ahora legítimas. Es el caso de la
Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales APRI (en twitter @Lobby_ES ) En su web
afirman que son necesarios en la sociedad española “porque
defendemos que la transparencia y el juego limpio son compatibles con la
confidencialidad y la fidelidad de nuestros clientes. Porque el lobby como tal
ha existido siempre, desde la creación de las primeras aldeas y poblados,
porque creemos en lo que hacemos y porque son necesarias unas reglas que
favorezcan el juego limpio entre todos. Porque, en palabras de Jordi Jané,
Diputado en el Congreso de los Diputados y Vicepresidente Cuarto, “la
grandeza del sistema democrático es la transparencia de sus trámites y
enmiendas”.
Hoy la palabra “lobby” estará en muchos Time Lines de España, ya que la
organización Transparencia Internacional España acaba de presentar el “Estudios
sobre los Lobbies en España”. Ya hace años la organización publicó un
estudio titulado «Dinero, Política y Poder: Un riesgo de corrupción en
Europa», donde distribuyó una nota de prensa titulada “La clase política española debe ser más
transparente y rendir cuentas de sus acciones” y donde se remarcaba que la
influencia de los partidos políticos ponía en riesgo la eficacia de los
órganos de control públicos”
En particular, el Informe analiza los
aspectos de la transparencia, la integridad y la igualdad de acceso en las
prácticas de lobby en España, y presenta casos en distintos sectores como
Energía, Salud, Financiero, Telecomunicaciones o Construcción. Asimismo
realiza una serie de recomendaciones y propuestas a responsables públicos y
representantes del sector privado y no gubernamental, para mejorar la
transparencia, promover la integridad y equilibrar el campo de juego.
Todo ello bajo la premisa de que en
España está muy instalada la creencia
de que el dinero “compra” influencia en la política. Igualmente, entre
los ciudadanos españoles está extendida la percepción de que negocios y
corrupción van de la mano (EU Anti-Corruption Report, European
Commission 2014). Según el Eurobarómetro de 2013, el 77% de los españoles cree que la corrupción es parte de la cultura
de los negocios en el país, mientras que el 67% considera que la única
forma de tener éxito en los negocios son las conexiones políticas. Un 84% de
los españoles cree que el soborno y las conexiones son la forma más sencilla
de obtener servicios públicos.
Este informe detecta puntos débiles
en la actividad de lobby, así como vacíos legales y legislación inadecuada,
centrándose en tres aspectos esenciales: la transparencia, la integridad y la igualdad de acceso a los
responsables públicos. En estos tres aspectos, España está muy por
debajo de la situación deseable, obteniendo un rotundo suspenso (21%).
El aspecto que peor puntúa y por
tanto requiere más claramente una mejora es la transparencia del lobby (10%), tanto por parte de los poderes
públicos (acceso a la información, planteamiento de un registro obligatorio
de lobistas y de sanciones, huella legislativa), como por parte de quienes
ejercen lobby (divulgación de información).
La integridad del lobby obtiene una puntuación del 35%. El análisis
pone de manifiesto que España dispone de leyes relativas a restricciones pre y
post empleo público y de códigos de conducta para representantes políticos y
altos cargos, pero no se cumplen en todas las ocasiones. Por otra parte, no hay
un código de conducta oficial para lobistas, y la autorregulación está en
desarrollo pero es aún escasa.
Con respecto a la igualdad de acceso a los
representantes públicos por parte de los ciudadanos y grupos de interés,
España obtiene un 17%. Este aspecto hace referencia a la consulta y
participación pública en la toma de decisiones, así como a la composición
equilibrada de los órganos de expertos y asesores. La realidad formal permite,
con límites, garantizar la influencia de organizaciones reconocidas legalmente
en ciertos ámbitos de la toma de decisiones, pero al mismo tiempo pervive una
gran informalidad en la influencia de otros grupos mucho más sectoriales y
focalizados, dedicados a la defensa de intereses empresariales muy
específicos. Y es en esta última actividad de influencia donde se producen la
inmensa mayoría de los casos de influencia indebida e, incluso, de
corrupción.
Las conclusiones
del informe son bastante claras y extensas. En lo que respecta a la participación política de los grupos de
interés, debido al marco normativo, la influencia de los grupos se ha
traducido en España en modelos semi-
institucionalizados que incorporan distintos criterios de representatividad y
participación. Ciertas entidades -como sindicatos, patronales, colegios
profesionales o cámaras de comercio– tienen una función cuasi-pública de
configuración del interés general junto a las instituciones del Estado. Más de 600 normas regulan la participación
formal de grupos de interés organizado en diferentes áreas de políticas y
se generan redes de interacción específicas en los diferentes sectores, con
cientos de órganos de participación institucional muy diversos (por ejemplo,
Consejo de la Mujer, Consejo de la Juventud, Consejo Económico y Social,
Consejo Asesor de Medio Ambiente, Consejo de Consumidores y Usuarios, etc.). En
todos estos consejos se prevé la participación y, como consecuencia, se
garantiza una posición institucional a las patronales y sindicatos más
representativos, además de las asociaciones relevantes en el ámbito sobre el
que se toman las decisiones, para emitir sus opiniones sobre las políticas que
les afectan.
Junto
a esta realidad formal, hay un grado de
informalidad en el que cientos de lobistas profesionales, empresas, y
diversos grupos de interés tratan de influenciar a los poderes ejecutivo y
legislativo sin reglas unívocas para regular su acceso, información sobre sus
contactos, límites éticos de su trabajo, o simplemente un acta de las
reuniones mantenidas. y la ausencia de
normativa que permita conocer quién influye, cómo, sobre quién, con qué
resultados y con qué medios económicos lo hace.
Para mejorar la legitimidad de los gobiernos y
reducir la percepción de corrupción hay varias medidas políticas en marcha,
siendo una de ellas la regulación del lobby. Por desgracia, la propuesta actual es extremadamente conservadora y no
parece enfrentar los problemas y riesgos esenciales relacionados con el lobby,
pues se centra en un registro en el Parlamento, no incluye informes de
actividad de los lobbies y deja en la indefinición el establecimiento de un
código de conducta para lobistas. Habrá que esperar a los debates
parlamentarios para ver qué surge finalmente del poder legislativo.
Además la organización TI España
cita una serie de recomendaciones (15 puntos) en base a tres ejes (Registro y medidas de divulgación de
información, Medidas para la promoción de la integridad en el sector público
y partidos políticos.) Ver en la página 9 del informe completo
(descargar aquí
El Lobby en Europa
Pero sin lugar a dudas, si Washington es la capital del lobby mundial,
Bruselas lo es a nivel europeo. La UE creo en 2011 el Registro de Transparencia de
los grupos de interés y funciona sobre la base de un acuerdo interinstitucional
entre el Parlamento Europeo y la Comisión Europea.
Con referencia a ello,
el 15 de abril de 2014 la Comisión Europea emitió una nota de prensa donde
afirmaba que se estimaba que el 75 % de todas las entidades relacionadas
con las empresas y en torno al 60 % de las ONG que operan en Bruselas
están actualmente registradas. A día de hoy (24/09/2014) el número total de
organizaciones registradas se sitúa en 6887 (ver todas aquí)
En este sentido,y según
afirma la Comisión Europea en su web, el
nuevo registro se pondrá en marcha a más tardar el 1 de enero de 2015, y ya se
ha empezado a trabajar en la secretaría común del Registro de Transparencia
para aplicar las mejoras.
[ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO SUELDOS PÚBLICOS]
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