Sonreir sin motivo es una estupidez que te puede proporcionar fama de bobalicon, pero eso no quiere decir que haya que salir a la calle como si tuvieras ganas a encontrar un contrincante con el que discutir. La vida es dura y hay una tendencia a lo que los psicólogos llaman transferencia emocional, es decir, a proyectar nuestro malestar sobre resto de los habitantes del planeta. Pero no es posible que la mayoría de la gente con la que te tropiezas le deban dinero, le acabe de abandonar la pareja, le haya echado una bronca el jefe o padezca de una molesta ulcera gástrica.
Hay desfiles de modelos en que las chicas, parecen que se han pasado por allí para desentumecer los músculos antes de ir a acometer un asesinato. Hay funcionarios que te miran desde el otro lado del mostrador enviándote el mensaje de que es una persona que sería feliz si tu no fueras a molestarle con asuntos que a él no le importan en absoluto. Hay taxistas que suspiran cuando les dices a donde te diriges: si es cerca porque es cerca, y si es lejos porque es lejos. Hay compañeros nuestros que en las tertulias muestran, no sé si queriendo o sin querer, la convicción de que no tenemos salvación y de que todo es inútil. Y no digamos, de los personajes públicos, sindicalistas, políticos, banqueros o empresarios que parecen recién salidos de un funeral, donde tuvo lugar eso que llamamos: una sentida manifestación de duelo.
Sonreir sin motivo es una tontería, pero puede que sea una tontería que a mi me altere la sonrisa y desde luego me parece más amable que esta expresión de agravio tan de moda como si una plaga de extreñimiento nos obligara a contraer el rictus y poner mala cara fuera la gran solución .
Por ello, sal, disfruta, camina, baila, enamórate, had lo que quieras!, pero deja sonreir a los que sólo disfrutan el día a día con ese pequeño, pero significativo, acto de alegría.
Eduard Punset ya lo dijo con el ejemplo del lápiz en la boca: “lo que sabemos es que si yo me pongo un lápiz en la boca (en horizontal) eso me fuerza a dibujar el rictus de la sonrisa en mis labios y si me paso todo el día con el lápiz en mi boca probablemente me pase todo el día riendo y eso quiere decir que en el fondo voy a ser más feliz de lo que lo hubiera sido sin el lápiz”.

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